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¿Es un deber cristiano la justicia social?

¿Es un deber cristiano la justicia social?

Kimberley Tagert-Paul

¡Aprendan a hacer el bien! ¡Busquen la justicia y reprendan al opresor! ¡Aboguen por el huérfano y defiendan a la viuda!” (Isaías 1:17, NVI).

George Muller tomó muy en serio este pasaje de la Biblia. Como resultado, más de diez mil huérfanos de la ciudad de Bristol (Inglaterra), ya no tienen que vivir en la calle.

Muller no comenzó su vida obedeciendo lo que dice la Biblia. Para cuando cumplió 14 años, ya era conocido como ladrón, mentiroso, apostador y borracho. Pero todo esto cambió cuando fue invitado a una reunión religiosa y, en ese lugar, al ver el poder de Cristo, le abrió su corazón al Salvador.

Muller tomó las palabras de la Biblia en forma muy literal. Como resultado, muchas vidas fueron transformadas. Él y su esposa Mary iniciaron una obra que transformó la época en la que les tocó vivir (a mediados del siglo XIX). Jamás incurrió en deudas para pagar por el orfanato o las necesidades de los niños. Solo dependía de una sólida vida de oración, y creía que todas las oraciones recibirían respuesta. Y así fue. En ocasiones, de manera asombrosa, en el último minuto.

Muller hizo de la justicia social una parte importante de su vida cristiana. ¿Deberíamos nosotros hacer lo mismo?                   

La Biblia nos da la respuesta, que es la única respuesta que necesitamos. Versículo tras versículo, nos dice que tenemos el deber de proteger a los demás, defender a los pobres y cuidar a los necesitados. El Antiguo Testamento está lleno de instrucciones sobre la manera exacta en que tenemos que satisfacer las necesidades de los demás. Jesús se aseguró de que el mensaje continuara también en el Nuevo Testamento, resumiendo la ley en Mateo 7:12: “Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes. De hecho, esto es la ley y los profetas” (NVI).

La necesidad más grande del ser humano es la de reconciliarse con el Salvador. Al tratar de hacerlo, a menudo queremos darle por la cabeza con el evangelio. Tratamos de llevar adelante nuestra agenda con estandartes que puedan ser vistos por todos. Hasta imprimimos nuestro mensaje en calcomanías y los colocamos en nuestro automóvil para que todos lo lean. En ocasiones, estos métodos realmente funcionan, pero a menudo, producen el efecto contrario que el que estamos buscando para alcanzar a otras personas.

Por ello, ¿cómo podemos luchar por la justicia social sin afectar negativamente nuestra causa?

La manera más simple es demostrando amor. El amor fue la razón por la cual Jesús llegó a restaurar el carácter de Dios al hombre. ¿Qué cosa hemos entendido mal respecto de su carácter? En términos simples, que Dios es amor. Podemos observarlo, analizarlo, estudiarlo durante horas sin fin, pero el resultado será siempre el mismo: Dios es amor. Y si el amor se encuentra en el mismo fundamento de su carácter, ¿no debería ser también nuestro fundamento?

El amor no es un sustantivo, sino un verbo. Si somos cristianos, tenemos que pasar a la acción, no a la reacción. Nos llama a ser fieles y diligentes a la hora de atender las necesidades y los derechos de otras personas. La justicia social es simplemente eso: darse cuenta de que todos los seres humanos tienen derechos, y de que cada ser humano merece la misma dignidad que nosotros deseamos para nosotros mismos. ¿No es eso acaso lo que nos dice Mateo 7:12?                                                   

Helen Keller puede haber sido ciega, pero era muy sabia con sus palabras cuando dijo: “Hasta que las grandes masas de personas sean llenas del sentido de responsabilidad por el bienestar de los demás, jamás se podrá alcanzar la justicia social”.

¿Podemos confiar en que Dios se hará cargo de las injusticias? ¿Será que su segunda venida resolverá todas las cosas? Por supuesto, la respuesta es afirmativa. Hasta entonces, nosotros los cristianos tenemos la responsabilidad de ayudar a nuestros hermanos, aun cuando ellos aún no hayan podido ver la necesidad de un Salvador. Porque si lo hacemos, puede que ellos vean esa necesidad y encuentren en él todo lo que realmente necesitan.  


Este artículo apareció originalmente en la revista Accent de Enero-Marzo 2013.      

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